En 1995, Armando Castellanos, biólogo ecuatoriano y fundador de la Fundación Oso Andino, decidió equipar a tres osos andinos jóvenes con collares de radiotelemetría VHF y liberarlos en la Reserva Maquipucuna, al noroccidente de Quito.
Nadie lo había hecho antes en un osos de anteojos. No existía un manual. No había precedentes. Solo pasión por la conservación y una pregunta que nadie había podido responder: ¿cómo vive realmente el oso andino en la naturaleza?